"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

domingo, 26 de octubre de 2014

Tu recuerdo y un letrero viejo

En mi recuerdo tu figura se va cayendo como la pintura oxidada de un letrero viejo.
Y es que ya hace mucho de aquello, de cuando tu lengua se tumbaba sobre mi boca y se encajaba en el paladar como un otoño fresco de robles y madroños.
Sigo creyendo, ilusamente, que la saliva de otras bocas cicatriza las heridas. Pero tenías razón, mirando otros ojos no soy más feliz. Pero es que entre tú y yo siempre era invierno, y la ciudad amanecía apuñalada en el pulmón. Cada mañana teníamos que elevar anclas, y abrirnos paso entre la escarcha amontonada en la moqueta, con la resaca aún de los cuerpos sudorosos, vacíos, varados en un colchón donde sobraba piel y faltaban sentimientos.
Por eso me acuerdo de ti en los lugares fríos; mirando el silencio inerte del albornoz de un hotel, o la crueldad de las dunas de sus sábanas; y en los aeropuertos, entre un enjambre ruidoso de pasos y motores, donde siempre me encuentro solo.

Así que ahora mismo podría llamarte y pelearme a patadas con tu contestador o escribirte una canción sobre los domingos adolescentes en una playa del sur, o decirte que ojalá estuvieses aquí para coserme el pecho a bocados y prometerte un cronopio repasando los cuentos de Cortázar.
Pero otra vez me mancha la rutina, al salir a la calle, y me ciegan las caderas y los párpados. Me dejo seducir por los rostros extraños y los amores precipitados carentes de nostalgias; esos amores eternos, de una hora, que se desbordan por el torso y estallan en las piernas sin rastro de culpa.

Y así te sigo perdiendo, hasta que no recuerde nada de ti.

(Texto de Suso, imagen tomada de google)

lunes, 20 de octubre de 2014

Marinera



Marinera, eras tú y un puñado de ciruelas,
en un patio de blanca cal con la puerta abierta
a la brisa de la mañana y a la calle de tierra.
Tu figura se va deshaciendo, en virutas, en mi recuerdo
como la pintura oxidada del letrero de la vieja tienda.
Y allí encallada sigue tu barca, perdida en la arena,
triste sin bailar en la cresta de la ola y el barniz de la marea.
Marinera, eras tú un lienzo de arrugas y unas manos secas,
un curtir de redes y cazuela con aroma a pescado y especias.
Una tarde de sol, que se giraba a mirarte, flota en mi memoria,
y al fondo, donde abarcaban mis pupilas, el faro ciclópeo,
la luz de mi infancia en mitad de la noche rota.
¡Ay, mi Marinera! calmo mi soledad en estas horas espesas
siguiendo tu rastro de mimbres, candiles y libélulas.
Recorro las calles desnudas salpicadas de paredes hendidas
las mismas que dejaron las cicatrices en mis rodillas
las que curaste soplando y recitando poesía.
Mi marinera, con limadura de limón a los cuatro vientos,
desde la cara de la luna le sonríes a este hombre serio
al mismo que le preparabas la cuna y un saquito de besos.

Sólo somos eso, una ráfaga de pasado intacto,
y un latir de vida, a bocajarro, buscando anticipar nuestro sueño.
Por eso vuelvo a los mismos lugares, a encontrarte,
sé que aquí te retengo, mirando el mar, tu mar, a mi manera,
aquí estás, tarareando, mi marinera...

(A las madres y abuelas, a los pueblos que viven de la mar, a sus gentes marineras. Letra de Suso, imagen de google)
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