"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

martes, 27 de mayo de 2014

Kamikaze


El verano fue el culpable.

Un agosto de piernas ceñidas contra las caderas y varios botones mudos... desabrochados.
Treinta y una noches de naufragio de ombligos y manos, 
un cuerpo desnudo bañado de lunares y vacío de respuestas.
En tu espalda no nacía el horizonte. 
Y el futuro se cansó de nosotros y se fue tiñendo de quizás.

Y un confuso impulso de habitar otro paisajes desconchó la magia veraniega 
llenándola de tapias, portazos y agujeros sin luceros. 
Las historias que terminan siempre me dejan el alma rota demasiado tarde. 
Después de perder los mapas me estrellé en decenas de bocas desconocidas, 
como si la saliva de las lenguas pudiese cicatrizar el corazón. 
Al final tu nombre me subió por la garganta, flotando, llenando mi paladar de letras, 
las que nunca te dije: t  e  q  u  i  e  r  o

Te amé cuando ya no debía. 
Y quise lanzarte mis sentimientos a pedradas contra los cristales, 
estamparme como un kamikaze contra tu colchón y meterme en ti hasta los huesos 
(como tú ahora te habías metido en mis sienes tumbando todos mis recuerdos 
a puñetazos en las mandíbulas). 
Llenarte la calle de pavesas como las de las hogueras de San Juan, 
trazar un camino de pasos entre las dunas mirando en la misma dirección y siempre al mar.
Pero ya no olía a salitre, ni se veía la playa entre los dedos enlazados.

Pasados los años no sabría explicar que tu presencia vaya aún por delante de mis palabras.
El invierno pudre las aceras al otro lado de las cortinas, y aquí dentro al calor del hogar, 
tu ausencia se agiganta y rebota contra las paredes; me llueves, 
y maldigo a las mujeres que deseo una hora, mientras todas mis horas te desean a ti.

(Texto de Suso)