"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

lunes, 17 de febrero de 2014

Dirección incorrecta

Hay silencio.

No es un disparo de nostalgia; es como… no lo sé. El caso es que te metes en el hueco de mis sienes y te quedas flotando, atrapada en una red de pescador, en mitad de una tormenta de recuerdos rotos y afilados que me abren la carne inerte como un bisturí.

Era invierno: la voz de tu padre te llamaba y te alejabas, no sin antes girarte y sonreír. La plaza agonizaba sin ti; de repente, los árboles, el vuelo bajo de los gorriones intrusos, la cálida luz de la tarde, todo, desaparecía. Nos quedábamos un puñado de niños perdidos, saltando en un desierto negro y mudo salpicado de tumbas.

Y es que eras agua, aire, el primer amor; no, tal vez el segundo, puede que hubiese otros antes, y después, pero no me acuerdo. Tan solo me acuerdo de ti, y de la lluvia, y del chorro del canalón empapando las aceras; llovía, y siempre nos sorprendía en las calles, en las puertas encaladas, en la parada de autobús repleta de carteles; y las ansias, rebosándose en oleaje de astillas, deseoso de rozarte las piernas adolescentes insinuadas bajo una falda de uniforme.

Te dije: “déjame mirarte como sólo mira un loco muerto de miedo, por dentro y en mayúsculas; y mira tú conmigo, en el mismo sentido”.
Esa fue mi perdición. Ahí te quedaste, dentro de mi, para siempre en ese preciso instante; con las mismas pupilas que el tiempo, vestido de años, aún no ha sabido borrar.

Embarcamos en rumbos diferentes, a otras vidas de asfalto en nuevas ciudades. Una dirección postal, a lápiz, en los renglones de una hoja arrancada de la libreta. 
“Escríbeme”.

Una carta de papel, con la responsabilidad y el vértigo de construir nuestra historia, cruzando toda la península.
Después de veinte días llegó devuelta: “dirección incorrecta”.

(Texto de Suso imagen de google)