"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

domingo, 21 de diciembre de 2014

En los tiempos variables y las cosas por hacer

Flota el terror en la oficina por el zarpazo de otro año moribundo. Frente al reflejo de la pantalla, hacen balance, unas pupilas desgastadas por los números de los días pasados. En las calles palpitan las luces, se besan las copas y se abrazan los cuerpos estallando de nostalgias. Sonríe un niño ante un escaparate y su alegría cabe en un papel doblado de su mano: Carta a los Reyes Magos; llora un niño junto a un muro en Jerusalem y, su tristeza, no llenará ni un poema. Mañana los cantos del azar repartirán millones y fortuna; tal vez alguien se acuerde de un esqueleto raquítico en África; o de las cucharas vacías de frijoles en Sudamérica; o de los que miran la valla, esperando para saltar, ocultos en los montes escarchados.
Al llegar a casa la ropa húmeda en el tendedero, la cena fría, el miedo de verme asesinado en las noticias de un telediario.

Y entonces tú llegas al hogar. Despierto, me quedé adormecido. Me miras como la primera vez: atravesando párpados, retinas, músculos y tendones, hasta rebotar contra los huesos. Y se tumban mis recuerdos, se meten en el hueco de las sienes, flotando como corchos: te veo bajo una lluvia de arroz vestida de blanco; en la pisada sobre el charco de agua de Venecia; en la moneda que vuela, a la Fontana de Trevi, por la paz; en los ojos azules de una recién llegada; en las letras encajadas en un nuevo libro; en el cuadro recién colgado en el pasillo.
Y espanto los fantasmas enredado en tu pelo. El invierno golpea con furia en los cristales. Nos arrancamos el deseo sobre el sofá, caderas, muslos, manos que bajan cargadas de ternura.
Te levantas, como lo haría un cisne, cruzando la moqueta como el que conquista nuevas fronteras, hacia la ducha.
Y en esa fugaz soledad del instante... Vuelvo a ver la vida en todas partes y quiero andar desbocado por todos sus caminos; y el mundo deja de doler.
Y el amor que transforma la ceniza en madera, le da la vuelta a todo, corta el relámpago de la frágil pared del corazón; y de nuevo, ya somos capaces de cualquier cosa.

Imagínate feliz... 
Que pasen unos días agradables de fiesta de la mejor manera posible. Y que se presente un nuevo año interesante, cargado de razones. Hasta 2015! Nos vemos en el camino...

(Texto de Suso imagen de google)

domingo, 26 de octubre de 2014

Tu recuerdo y un letrero viejo

En mi recuerdo tu figura se va cayendo como la pintura oxidada de un letrero viejo.
Y es que ya hace mucho de aquello, de cuando tu lengua se tumbaba sobre mi boca y se encajaba en el paladar como un otoño fresco de robles y madroños.
Sigo creyendo, ilusamente, que la saliva de otras bocas cicatriza las heridas. Pero tenías razón, mirando otros ojos no soy más feliz. Pero es que entre tú y yo siempre era invierno, y la ciudad amanecía apuñalada en el pulmón. Cada mañana teníamos que elevar anclas, y abrirnos paso entre la escarcha amontonada en la moqueta, con la resaca aún de los cuerpos sudorosos, vacíos, varados en un colchón donde sobraba piel y faltaban sentimientos.
Por eso me acuerdo de ti en los lugares fríos; mirando el silencio inerte del albornoz de un hotel, o la crueldad de las dunas de sus sábanas; y en los aeropuertos, entre un enjambre ruidoso de pasos y motores, donde siempre me encuentro solo.

Así que ahora mismo podría llamarte y pelearme a patadas con tu contestador o escribirte una canción sobre los domingos adolescentes en una playa del sur, o decirte que ojalá estuvieses aquí para coserme el pecho a bocados y prometerte un cronopio repasando los cuentos de Cortázar.
Pero otra vez me mancha la rutina, al salir a la calle, y me ciegan las caderas y los párpados. Me dejo seducir por los rostros extraños y los amores precipitados carentes de nostalgias; esos amores eternos, de una hora, que se desbordan por el torso y estallan en las piernas sin rastro de culpa.

Y así te sigo perdiendo, hasta que no recuerde nada de ti.

(Texto de Suso, imagen tomada de google)

lunes, 20 de octubre de 2014

Marinera



Marinera, eras tú y un puñado de ciruelas,
en un patio de blanca cal con la puerta abierta
a la brisa de la mañana y a la calle de tierra.
Tu figura se va deshaciendo, en virutas, en mi recuerdo
como la pintura oxidada del letrero de la vieja tienda.
Y allí encallada sigue tu barca, perdida en la arena,
triste sin bailar en la cresta de la ola y el barniz de la marea.
Marinera, eras tú un lienzo de arrugas y unas manos secas,
un curtir de redes y cazuela con aroma a pescado y especias.
Una tarde de sol, que se giraba a mirarte, flota en mi memoria,
y al fondo, donde abarcaban mis pupilas, el faro ciclópeo,
la luz de mi infancia en mitad de la noche rota.
¡Ay, mi Marinera! calmo mi soledad en estas horas espesas
siguiendo tu rastro de mimbres, candiles y libélulas.
Recorro las calles desnudas salpicadas de paredes hendidas
las mismas que dejaron las cicatrices en mis rodillas
las que curaste soplando y recitando poesía.
Mi marinera, con limadura de limón a los cuatro vientos,
desde la cara de la luna le sonríes a este hombre serio
al mismo que le preparabas la cuna y un saquito de besos.

Sólo somos eso, una ráfaga de pasado intacto,
y un latir de vida, a bocajarro, buscando anticipar nuestro sueño.
Por eso vuelvo a los mismos lugares, a encontrarte,
sé que aquí te retengo, mirando el mar, tu mar, a mi manera,
aquí estás, tarareando, mi marinera...

(A las madres y abuelas, a los pueblos que viven de la mar, a sus gentes marineras. Letra de Suso, imagen de google)
Recordad que podéis seguir el blog desde Facebook cómodamente y leer más contenido que no siempre se publica en el blog. En la barra lateral está el enlace. Nos vemos en el camino...


martes, 29 de julio de 2014

La extraña mirada (publicación)

De sobra saben los viejos amigos que me siguen hacen años, que además de todos estos textos románticos, tuve una gran afición a los microrrelatos de género negro. Este mes, Artgerust, organizaba un concurso de microrrelato con esta temática de novela negra. Ante 771 textos participantes no he podido ganar, pero al menos, mi escrito ha sido seleccionado entre los finalistas para formar parte de una antología, será mi cuarta publicación en un libro este año, libro que encontraréis próximamente en lugares como: ArtGerust, Amazon, El Corte Inglés, Fnac, La Casa del Libro...
Aquí dejo un enlace donde podéis leer, durante unos días, mi microrrelato titulado La extraña mirada

También comentar a los que pasáis habitualmente por aquí, que podéis seguir El horizonte dormido por facebook, algunas publicaciones se están haciendo por ahí y no por el blog, como por ejemplo el concurso que hice recientemente donde sorteé tres ejemplares del último libro publicado, en la barra lateral está el enlace a la página.

Felices días de verano. Nos vemos en el camino...


martes, 27 de mayo de 2014

Kamikaze


El verano fue el culpable.

Un agosto de piernas ceñidas contra las caderas y varios botones mudos... desabrochados.
Treinta y una noches de naufragio de ombligos y manos, 
un cuerpo desnudo bañado de lunares y vacío de respuestas.
En tu espalda no nacía el horizonte. 
Y el futuro se cansó de nosotros y se fue tiñendo de quizás.

Y un confuso impulso de habitar otro paisajes desconchó la magia veraniega 
llenándola de tapias, portazos y agujeros sin luceros. 
Las historias que terminan siempre me dejan el alma rota demasiado tarde. 
Después de perder los mapas me estrellé en decenas de bocas desconocidas, 
como si la saliva de las lenguas pudiese cicatrizar el corazón. 
Al final tu nombre me subió por la garganta, flotando, llenando mi paladar de letras, 
las que nunca te dije: t  e  q  u  i  e  r  o

Te amé cuando ya no debía. 
Y quise lanzarte mis sentimientos a pedradas contra los cristales, 
estamparme como un kamikaze contra tu colchón y meterme en ti hasta los huesos 
(como tú ahora te habías metido en mis sienes tumbando todos mis recuerdos 
a puñetazos en las mandíbulas). 
Llenarte la calle de pavesas como las de las hogueras de San Juan, 
trazar un camino de pasos entre las dunas mirando en la misma dirección y siempre al mar.
Pero ya no olía a salitre, ni se veía la playa entre los dedos enlazados.

Pasados los años no sabría explicar que tu presencia vaya aún por delante de mis palabras.
El invierno pudre las aceras al otro lado de las cortinas, y aquí dentro al calor del hogar, 
tu ausencia se agiganta y rebota contra las paredes; me llueves, 
y maldigo a las mujeres que deseo una hora, mientras todas mis horas te desean a ti.

(Texto de Suso)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Padre (te vas)

Padre: 

En estos días se mezcla el cálido sol de la mañana con los restos del naufragio de las noches de invierno. Todavía sobrevive la escarcha perlada sobre el alféizar de la ventana; a ratos, el mundo parece un espejismo en mitad del desierto.

Me duele Venezuela y las imágenes que dispara el televisor; mientras en el este de Europa otra guerra permanece agazapada, escondida entre las calles, esperando su oportunidad para saltar con los colmillos afilados y amontonar cuerpos sobre el asfalto.

Dicen que vamos saliendo de la crisis, pero el metro es un cementerio de almas esparcidas, un nudo de coloridas libélulas que no pueden volar; camino de casa... nadie sonríe. 
Siguen cruzando el estrecho cientos de personas, se esconden en los montes, hambrientas y enfermas, soñando un futuro mejor. Pero este país ya no es el de las oportunidades, parece una montaña de escombros o un desguace en el que se venden almas oxidadas a precio de saldo.

Y lo peor es que todo empieza a parecernos normal.

Por suerte la vida golpea en las ventanas, y llueve. Y también nos trae alegrías repentinas, sin decirnos nada, como ese libro callado y distraído que dejaste a medio leer en la estantería.
Llegan nuevos habitantes, charlamos con amigos y una fecha en rojo palpita en el calendario. Si, ella y yo nos seguimos queriendo como antes, como siempre, como sólo sabemos querernos, por dentro y por fuera a partes iguales.

Recuerdo aquellos días lejanos como una película grabada en super 8: pasa tu rostro ante la cámara, con la sonrisa ancha bajo la negra barba. Ahora pateas un balón de goma que cae entre los juncos erguidos y dorados del río. Yo camino detrás de ti, con torpes pasos, como el animal recién nacido que descubre las nuevas constelaciones ante sus ojos, intentando absorber todo lo que me enseñas. También está el viejo Seat, y mamá organizando la comida. Te veo como Hércules, hijo de Zeus, capaz de mover el planeta con tu enorme fuerza, con el pelo suelto entregado a las manos de la brisa veraniega.

Después pasan los años, desnudos y crueles, y de un terrible zarpazo te observo sereno, vestido de canas el cabello, pero joven aún para yacer dormido y embarcar rumbo a otros mundos.

Tal vez hoy se celebre el día del padre. Puede que incluso el del hombre primigenio. Pero simplemente es un día más, un día como tantos otros, en el que te echaba de menos…

Texto de Suso imagen de google

lunes, 17 de febrero de 2014

Dirección incorrecta

Hay silencio.

No es un disparo de nostalgia; es como… no lo sé. El caso es que te metes en el hueco de mis sienes y te quedas flotando, atrapada en una red de pescador, en mitad de una tormenta de recuerdos rotos y afilados que me abren la carne inerte como un bisturí.

Era invierno: la voz de tu padre te llamaba y te alejabas, no sin antes girarte y sonreír. La plaza agonizaba sin ti; de repente, los árboles, el vuelo bajo de los gorriones intrusos, la cálida luz de la tarde, todo, desaparecía. Nos quedábamos un puñado de niños perdidos, saltando en un desierto negro y mudo salpicado de tumbas.

Y es que eras agua, aire, el primer amor; no, tal vez el segundo, puede que hubiese otros antes, y después, pero no me acuerdo. Tan solo me acuerdo de ti, y de la lluvia, y del chorro del canalón empapando las aceras; llovía, y siempre nos sorprendía en las calles, en las puertas encaladas, en la parada de autobús repleta de carteles; y las ansias, rebosándose en oleaje de astillas, deseoso de rozarte las piernas adolescentes insinuadas bajo una falda de uniforme.

Te dije: “déjame mirarte como sólo mira un loco muerto de miedo, por dentro y en mayúsculas; y mira tú conmigo, en el mismo sentido”.
Esa fue mi perdición. Ahí te quedaste, dentro de mi, para siempre en ese preciso instante; con las mismas pupilas que el tiempo, vestido de años, aún no ha sabido borrar.

Embarcamos en rumbos diferentes, a otras vidas de asfalto en nuevas ciudades. Una dirección postal, a lápiz, en los renglones de una hoja arrancada de la libreta. 
“Escríbeme”.

Una carta de papel, con la responsabilidad y el vértigo de construir nuestra historia, cruzando toda la península.
Después de veinte días llegó devuelta: “dirección incorrecta”.

(Texto de Suso imagen de google)