"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

viernes, 22 de noviembre de 2013

Ausencias














Te fuiste.
Aquella noche que llovían zafiros afilados y sonaban las alarmas.
Hoy... te sigo un rato por mis recuerdos: 

Te encontré perdida,
como un marinero en tierra adentro,
confusa y desnuda en una calle llena de cristales.

Y así te amé. Te abracé hasta juntar tus trozos rotos.
Fuimos luciérnagas en llamas quemando Gran Vía.
Vaciaste mis cajones, los llenaste de semillas,
crisálidas, estambres... y dibujaste la primavera en tu vientre.
Atravesaste la aurora, tumbada sobre mi pecho.
Señalabas el rumbo a nuestro destino, y yo loco,
dejándome despeinar por el verano, por tus labios de luz,
por tus dedos bajo las arrugas de mis pantalones de lino.
—Háblame del Sur y de los desiertos lejanos donde vas a llevarme —decías.
Y yo te susurraba, mirando el solsticio nacer en tu ombligo.
Sólo a ti te quise por fuera y por dentro.

Te fuiste.
Bajaste las persianas y el cielo se llenó de barro y mercurio.
Hace tanto de aquello... Y mi memoria aun no se acostumbra,
se encharca de carencias y a veces te evoca.
Pero sólo es un rato. Después, te haces humo,
y puedo maldecirte y borrar tus mensajes del contestador,
cuando me miento imaginando que, a ti también, te estrangula mi ausencia.

(Texto de Suso imagen de google)

domingo, 3 de noviembre de 2013

Instantánea de travesía de otoño

Los días van pasando. Con tu presencia todo se hace más fácil. Los días desnudos y febriles de noviembre nos traen otro manojo de malas noticias, que como caídas a plomo de las ramas junto a las hojas muertas, se esparcen por las aceras y se pegan a la humedad de la escarcha: lloran las madres de las víctimas del terrorismo indignadas; una nueva marea de estudiantes choca contra las costas en protesta de la educación, que agoniza como una sirena varada lamiendo el agua con la punta de la lengua, sin poder moverse; y nuevos despidos masivos ante la puerta de una gran fábrica. Nuestro país descarrila como una máquina descontrolada en una vía muerta.

Y seguimos vivos. Es cierto que un poco perdidos, como esa maleta abandonada en el aeropuerto que da vueltas en una cinta, imaginando una huida. Pero vivos, oye, que no es poco.

Te decía que por lo menos nos queda la esperanza, porque cuando te arranco la ropa y te beso por fuera y por dentro, el mundo duele, pero menos. Nos enterramos bajo el oleaje de las sábanas y nos aferramos a la conjugación de lenguas, el encajar de bocas, la inspiración, la métrica, la palpitación y la extenuación de cuerpos y pieles. Entonces me siento como un grumete, trepando por el velamen blanco de un barco, bajo un cielo borrascoso que amenaza tormenta. Sin duda, navegamos una dura y larga travesía de otoño, con los bolsillos llenos de arena y un agujero en el alma.
Pero pronto avistaremos el destino. Es bueno tener a mano una vieja canción de esperanza de Silvio, un verso de Octavio Paz, una instantánea de Capa… Y algunos recuerdos: un estruendo de risas, calles adoquinadas que traen tu nombre al paladar, la ropa mojada, toda América Latina en el hueco de tus pechos, las agujas de luz sobre los viejos muros, las urgencias y las ansias por amar, el futuro prendido en nuestras ventanas…

Así seguimos avanzando, adelante siempre (no conozco otro modo) en este espejismo cruel de realidad. Nos levantaremos cada mañana con la certeza de sonreír, repasaremos viejas consignas, gritos de revolución, y te dibujaré unos bocetos para nuestra historia, será la más bella, ya lo verás…

Te avisaré cuando llegue.
No olvides dejar las puertas abiertas y los sueños tendidos al sol.

Tu querido habitante

(Texto de Suso imagen de google)