"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

jueves, 22 de agosto de 2013

El extraño odio del cuerpo ausente

Te brillaban los ojos cuando te escribía notas en papel. El mundo sólo existía cuando te sentabas sobre mis rodillas. La sonrisa que tuve perdida... estallaba detrás de tus pupilas.


Parece que fue ayer...
Y algunos recuerdos todavía saltan sigilosos y traicioneros como un ladrón por encima de las tapias.
Contigo era como lanzar una moneda: un día era cara y nos arrancábamos el deseo de los cuerpos sobre el sofá, otro era cruz y esquivabas la piel presa de tus miedos.
Ingenuo, yo soñaba que aquella perversa moneda quedara de canto para hacer posible aquella historia.
Te lloré veinte veces, entre acordes desafinados y viejos poemas de Neruda.
Después te odié, cuatro o cinco veces más.
Te hiciste mía sin nunca serlo.
Volamos a trompicones, apenas a un palmo del suelo, torpes como las aves recién nacidas con las alas atrofiadas. Nunca viajamos a ninguna parte. Supongo que uno quiso y otro no.
El otoño pasó de puntillas por mi escalera y rompió todas las ventanas, las constelaciones y las promesas escritas en el vaho de sus cristales.
Culpaste al destino, la excusa más cobarde, antes de irte y dejar mi alma como un desguace mientras abrochabas los botones de mi camisa por última vez.

Nunca vuelvas a presentarte en mi boca. Ni se te ocurra.
Porque si vuelves, voy a maldecirte, antes de morderte los labios y el cuello con dentelladas, a quemarropa,  y hacerte mía para siempre.

(Texto de Suso imagen de google)