"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

martes, 30 de julio de 2013

El hombre que se agarraba a su mirada

Desde las alturas divisa las arterias y las cicatrices de la ciudad. Un inmenso mar de luciérnagas se agranda en la ventanilla. Al tomar tierra le asalta el terror al aeropuerto, al zarpazo de las despedidas, a no encontrarla entre la gente... por fin la ve... pero se esquivan los labios...

El metro recorre las tripas de asfalto camino de casa. Atisba su reflejo en el cristal, se agarra a su mirada como el que lo ha perdido todo. En la penumbra del vagón, va a tientas, mecido en el miedo del vértigo, como ave solitaria y perdida entre  los truenos, siguiendo una estela de constelaciones en sus pupilas, un verbo de Benedetti, un acorde de Silvio... pero ya no se buscan. Ella lleva la cabeza puesta en playas perdidas, encallada en sus sueños de arena, de anémonas, de un horizonte azul turquesa. Ya no son los niños que se prometieron crecer para escapar. Olvidaron la revolución ,las consignas, el palpitar en los dedos en una caricia... arrollados por la espuma de la rutina...
El temblor metálico del suelo la rescata del letargo, se rompe el océano como trozos de espejo. La realidad le corta los párpados, como un bisturí afilado, de un solo tajo. El mundo gira en este instante… y están tan perdidos....

Pero el amor siempre nace en verano. Y el viejo Madrid arde. En la calle una tormenta eléctrica pinta el cielo de barniz y plomo mientras llueve un pesado bochorno quemando las aceras. 
Empecemos de nuevo, ¡maldita sea!. Viajemos en ida y vuelta sin un mañana. Volvamos a atragantarnos con la risa, a gritar, a tocarnos por dentro y arrancarnos el deseo de los cuerpos. Porque en un segundo todo es posible. Y estamos vivos.

(Letra de Suso imagen de google)

jueves, 11 de julio de 2013

Tenue calma
















Me cruza la mente como una bandada de aves...
Lo veo en todas partes...
Aquél puerto pesquero ennegreciéndose, engullido en la tarde,
mientras las luces del paseo temblaban y comenzaban a iluminarse.
Bailaban las barcas amarradas, palpitando
como labios adolescentes, sobre pequeñas dunas rizadas,
como corchos cobrizos flotando sobre un espejo roto de agua.
Atrapados en los jirones de salitre y de las nubes bajas
contemplábamos el ciclópeo horizonte... sin hacer nada...
Dejándolo girar hasta que nos vencieran las ganas.
Nunca encontré en otro rincón del mundo,                                                                                      enredado en tus pupilas de óleos, tanta calma.

(Texto de Suso, imagen de google de iaph.es)