"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

sábado, 17 de diciembre de 2011

Funambulista y vuelo de libélulas

Detrás de mis cortinas, vigilo un universo hilvanado de nostalgias. Cuatro hojas de un cuaderno, rotas, llenas de canciones, que nacieron en la curva de tu espalda.  

Podría quererte siete vidas y morirme por ti en cada una de ellas. Aterrizar un segundo en tu apretada agenda, si encuentras un hueco, para desabrocharme los botones de mi camisa, mientras te susurro al oído, que ahora soy funambulista, en el vértigo de cruzar la cuerda floja de tu alma.

Deberíamos arrojar los miedos contra las ventanas, comernos en un cruce de calles, bajo la luz palpitante de Gran Vía. Estrellarnos los cuerpos sobre las sábanas, condenarnos a cadena perpetua de besos, el resto de nuestros días.

Pero no bastarán mil poemas y una despedida desesperada. Tus ojos anegados en pavesas, dicen ven, pero tu cabeza inquieta, siempre gana la batalla. Y esta boca que conoció el delirio de conjugar tu lengua, está huérfana de tu paladar, y se rinde a otra madrugada enferma.

Yo quedé quieto un instante, mirándome por dentro, y te vi correr furtiva, por todas mis venas... ojalá estuvieras aquí, para encajar todas estas letras, para pisar este charco con tu reflejo, que tanto me atormenta.  Eres sombras de cañas, vuelos a ras de suelo de libélulas. Doy un paso para llegar a ti, y dos inviernos te alejas.

Yo, si tuviera todo el tiempo del mundo... lo consumiría contigo...me consumiría contigo.

(Texto de Suso, imagen de google)

martes, 6 de diciembre de 2011

Segundo de diciembre (abuela)

Así te vas, con el azul de un mar cobalto encerrado bajo los párpados. De puntillas y sin quejarte, tal y como viviste. Ni el zarpazo del hambre, ni el revuelo de tripas vacías, ni la humedad de las viejas casas de adobe, sin agua ni electricidad, ni el trueno de motores bombardeando una tierra seca y agrietada, pudo mermarte los huesos. Tan solo el tiempo, este jodido traidor que envejece la piel y consume el cuerpo, te hizo caer rendida en sus brazos, el segundo día de este diciembre. Noventa y un años forjados en las manos suaves y blancas que nunca delataron tu edad.

Así que ahora cabalgas en la inmensidad, cautivadora de almas, dejando un recuerdo de hoces, hilos, aceite de molino, pan de pueblo, nubes de plomo sobre una parra de patio y un olivo curvado sobre la pared.
Y ahora, yo vigilo tu rastro de sonrisas en las fotografías en blanco y negro, desenfocadas, que un día inmortalizaron la increíble persona que siempre fuiste.

A mi abuela.

(Texto y fotografía de Suso)