"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

jueves, 24 de noviembre de 2011

Confieso que a veces...

Confieso que a veces te imagino...
y estás aquí, haciéndome naufragar en tus grandes ojos de coral, donde estalla el oleaje encabritado de un mar de mercurio. Y entonces la ciudad, ya no se desangra, queda en calma, enredada entre tus largos cabellos oscuros. Y en la noche solo tiemblan un puñado de luceros desnudos.

Confieso que a veces te imagino...
con infinita furia. Fuego, relámpago, destello de piel. Te busco los labios a bocados, a dentelladas.
Trazo tus curvas, de abalorios y guirnaldas, con ansia. Me amarro a tus nalgas, anudados y tensos como trapecista de circo, hundidos, en las dunas de la cama.

Confieso que a veces te imagino...
veintiocho días de paz intacta, en tan solo un segundo. Mientras la madrugada va agitando los estambres con el beso de su helada, y un remolino de mantas y nenúfares me arrollan en mi cama. Maldito despertador que alumbra una nueva mañana, manchada de rastro incontrolado de nostalgia, formando surcos en la almohada.

Confieso que a veces te imagino...
y el mundo se me para... el mundo se me escapa...

(texto de Suso, imagen de google)

sábado, 19 de noviembre de 2011

Garabatos, primer beso y canciones por la cara A

Como se aprende a olvidar,
al capitán Haddock, que después de tantas horas de trabajo, le quedaban fuerzas para enseñarme a patear un balón. El timbre que provocaba la estampida al recreo y sentir la magia de jugar en Maracaná, en un simple patio de colegio embarrado. El descampado que dio aliento a los viajes mas salvajes, con las rodillas desolladas, a las banderas de piratas, a la cometa multicolor, erguida como junco, desafiante en las manos del viento. El rudimentario destino que navegar, con un timón astillado, rumbo al hombre que soy hoy.

Como se aprende a olvidar,
las cartas a bolígrafo de letra adolescente, que palpitaban en el buzón poliédrico, la verbena y sus canciones de verano, el pueblo de sierra, los pastizales bajo los tentáculos del sol, el instante eterno que como un punzón en los intestinos, precedió al roce abismal del paladar del primer beso. A la despedida en un septiembre roto, a las cintas de casete, donde maldecía canciones mal grabadas de la radio, por la cara A.

Como se aprende a olvidar,
la parada de autobús de la universidad, tu retrato bajo un paraguas, las clases de arte, los gritos indignados de estudiantes en las calles. La guitarra erizada en las manos, en madrugadas de cumpleaños. Los domingos en el pantano como un cristal, donde relumbra el destello del lomo de un lucio, a flor de agua. Los viajes por carreteras comarcales, el primer sueldo, la noche en un coche teñido de vaho, donde tú, me amaste.

Como se aprende a olvidar, lo que nunca volverá. O es que hoy solo quiero recordar y recordar... lo que me agujerea el alma con su zarpazo.
(Pero no todos los sueños están vestidos, nos quedan algunos rotundos e intactos. Soy así... ya no voy a cambiar.)

(Texto de Suso, imagen de google)

lunes, 14 de noviembre de 2011

Orbitando

No vinimos a vagar por este planeta, ni a evaporarnos astillados sobre las turbulencias de la rutina.

El mundo no está detrás de las cortinas, el mundo está en ti, tatuado en tu ombligo, tejido con cordel cobalto entre las fibras de tu piel, relumbrando en el amago de los labios que se precipitan hacia tu cuello, en los intactos días que quedan por vivir.

Porque el invierno que nos apuñala, es más cálido si los cuerpos se encuentran furtivos, a espaldas del universo, a comerse mutuamente la melancolía.

Cuando tu crees... yo creo. Y lo imposible otra vez parece posible. 
Conspiran las mareas, la luna, los planetas, las partículas...
orbitando y conjugándose para que en cualquier instante eterno, choquemos, 
arrollándonos las almas.

(texto de Suso, imagen de google)