"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

miércoles, 8 de junio de 2011

Coloreando...

Casi ocho años navegando juntos por el reflejo del espejo...
y tu sonrisa sigue siendo tan jodidamente bella...

Beatriz despierta de las espinas del sueño en su cama de luna, con el aleteo de pavesas prendidas de las pestañas, de la fina curva de la espalda, de sus manos de agua. Es una puerta abierta a los campos verdes, a las calles bruñidas de siglos sin ruido de motores, al abrigo y palabra del poeta, el viento de poniente que besa las macetas.

Y camino del trabajo dibuja en el vaho de las ventanas, constelaciones, libélulas que se levantan al vuelo, futuro disfrazado de caricias, tambor de tormenta, cortejo de fieras, blanca tiza que sonroja las paredes, cerezos, tinta en el ombligo, bóveda de cañón que cubre los aguaceros, viajes por carretera, pastizales, playas sureñas...

Y así, casi sin querer, va pintando de vivos óleos,
un mundo que solamente era, una sombra grisácea y difusa.

(Texto e imagen de Suso)

domingo, 5 de junio de 2011

Domingo menos uno


Llueve. Estalla sobre los tejados un fino aguacero de alfileres perlados. Es un domingo veraniego de ventanas abiertas, de barro sobre las macetas que cuelgan en el balcón, de remiendo de ojales y libros a medio leer, ahogados en el eco lejano del tambor de la tormenta y luces fugaces que palpitan al fondo de la avenida inclinada.

Y yo, desnudándote. Te pinto de viernes la curva de tu espalda mientras tejo sueños para cuando me encañone el alba. No se que me hace ser un loco imprudente, que de tanto imaginarte me asesino, pero tus manos son ocaso de este junio, desdén de la mar que no se deja navegar. 
Yo solo te sueño para saber si existes, y así en tus ojos puedo encontrarme. Será el terror de este eclipse de pupilas, las tardes de orillas vacías, el remanso de paz perdida, el paisaje del pueblo que se me anuda en la garganta. Porque tú, tienes mi rumbo dibujado en tus nalgas, el encajar de lenguas, el paladar de besos adormecidos, los acordes por componer.
Y así te quiero, condenado a amarte y nunca tocarte.

Y sigue lloviendo.

(Texto de Suso, imagen tomada de google)

jueves, 2 de junio de 2011

Las pupilas ancianas

Cae la noche vertical y espesa, como el telón de un viejo teatro. Arrojan sus ansías contra el cristal de las ventanas, se clava el palpitar del corazón en los riñones, a latigazos, mientras un nudo de gemidos sordos encallan en la garganta rota. No tuvieron tiempo para recoger muchas pertenencias, tampoco las poseen. El alma duele en carne viva por la vida que queda impregnada en su casa, en el corral de paredes de blanca cal, en el olivo que orgulloso se mece en la brisa matinal, en las cenas bajo la parra
besando el cazo de rojizo gazpacho salpicado de uvas.

Agazapados esperan una señal, un reflejo de luz que les oriente por la cañada silente. Como gatos pardos, que pueblan los tejados sin perder el rumbo, deben correr hasta los montes cercanos. Sin mirar atrás. Sin el lastre del recuerdo de ver difuminarse ante sus ojos toda la infancia de un plumazo que se atraganta a sus espaldas.
Las columnas de soldados ya deben estar cerca. Retumban sus pasos como un tambor acompasado sobre la cobriza tierra. Traen heridas abiertas, barro en las pestañas, sangre en la mirada y un huracán de motores detrás del horizonte.

Ahora es el momento. 
Las siluetas de los niños, mujeres y ancianos se van deshaciendo en las cenizas de la oscuridad, como negra boca de lobo. Una pequeño grupo de hombres, resiste. Con la utopía tatuada en la frente de querer vencer una batalla perdida...

Se le empañan los ojos mientras me lo cuenta y debe detener su historia.
Aunque pasado un rato sonríe pícaro, cuando se refleja
en las pupilas ancianas de ella... y le susurra:
- hace una vida de aquello... la que hemos vivido juntos, niña... 


(Texto de Suso, imagen tomada de google y retocada)