"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

sábado, 30 de abril de 2011

Tu nombre...

Tu nombre me sabe...

a los juncos que bailan erguidos y orgullosos junto a la ribera, a ladridos de perros en las noches calurosas de agosto, a paredes desconchadas de viejas calles en las que perduran nuestros nombres, pintados a tiza, con trazos adolescentes, a la batalla de cuerpos que se comen mudos, manos, cuellos, nalgas, anudados sobre un banco de madera, al abrigo de un parque oscuro y sin nombre.
A helado de limón casero, a gazpacho bajo la parra y siesta sobre un colchón de lana que engulle por el medio como arenas movedizas, al olor de tierra mojada que cala en los pulmones, bajo los trallazos de tormentas que rugen sus tripas encabritadas.
A los lomos de la sierra, que no se deja cabalgar, derramando las casas en equilibrios imperfectos, a los caminos que se abren entre los campos de girasoles, al tiempo despacio sin reloj ni compás, a brújulas que no encuentran el norte, a Seat 131 devorando curvas cerradas bajo los latigazos del sol de verano. 
A jara, al tractor que acuchilla los rojizos terrones para sembrar en los intestinos de los campos de secano, a vellones de lana, a mar de pastizales cobrizos, a la abuela que barre la puerta, al olor de las retamas, al niño que dejó su reflejo contenido de pupilas en algún rincón, soñando una revolución...

Tu nombre sigue haciendo llaga en mi paladar, desde que el mapa se inclinó, vertiendo los puntos cardinales, y ya no encontramos el camino de regreso. 

(Texto y fotografia de Suso)

martes, 26 de abril de 2011

Otro sentido...

Quizás ha llegado el momento de darle otro sentido a la vida. Arrojarla contra las ventanas, hacerla rebotar como piedras planas sobre el agua dibujando círculos concéntricos.
El momento de mordernos los labios y dejar de comernos con la mirada cobarde en el silencio de la mañana, de despertar con el tambor del corazón, desde el umbral, cuando nos decimos adiós.
El momento de coserle los párpados a la estela que dejó el invierno y quemarnos en la primavera, como pavesas rojas, que se descuelgan por la brisa de la tarde en jirones palpitantes.
El momento de abandonar la calma traicionera del terror de las puertas encajadas, del miedo a la lluvia que ahoga las macetas, de las paredes en penumbras detrás de las persianas a medio cerrar.
El momento de andar descalzos sobre la conciencia y encañonarle las costillas, porque hoy se ve el horizonte nítido, desde cualquier lugar desde donde lo mires... si lo miras conmigo...

(texto de Suso, imagen tomada de google)

domingo, 10 de abril de 2011

Coordenadas

En que momento no nos comimos los labios, mientras los glaciares desaparecen bajo las lágrimas del mercurio ascendente. Allí con los ojos desnudos, gritando un encajar de cuerpos ciegos que se comen con las manos, conteniendo las ansias como títeres trapecistas movidos por hilos que retienen el unir de bocas imantadas. 

Yo vi tu piel morena, al temblor del miedo de la batalla. Pero el amor cobarde sucumbió al no decir: ¡te necesito!. En apenas un eclipse de pupilas que se despiden en una tarde en calma, nos perdemos.

Y la vida sigue, sobre corrientes de escombros y un desabrochar de ojales extraños en sueños contenidos. Y la ciudad continua despertando cada mañana, mansa, ajena al crujir de almas encalladas en olas muertas que estallan entre las sábanas.

Igual encuentro la brújula y el valor que me lleva a tu puerta, esquivando el zarpazo de nostalgia.
En esta carretera de crestas cobrizas, sobre un papel flotante dibujo tus coordenadas...
Espera... Ya voy.

(texto de Suso, imagen tomada de google)

viernes, 8 de abril de 2011

Girando en un lienzo carcomido

Siempre escribo solo, tal vez por manía, que sólo yo me entiendo, o simplemente no se había dado la ocasión. Mi amiga Noe Palma, del blog La oscuridad se puso a brillar me propuso escribir algo juntos. Así que envíe un puñado de frases hacia Argentina, ella las devolvío... y en algún punto del océano se mezclaron las letras y el texto quedó así, espontáneo:
 

Se enamoró de una sombra, en aquel oleaje colorido de paraguas, que flotaban como corchos, calle abajo. Desde entonces, busca la sonrisa que claudicó herida entre sus escombros, persiguiendo un reflejo, una estela de agua, unas manos fugaces de humo que hacen crujir sus intestinos cuando la recuerda, en las noches de desvelos, con la luna mordida sobre la fina línea de los tejados...

Hay un eco matemático incubando la suma de uno menos uno, sombra menos sombra, ardida mutilación de un latido poco probable y mediocre. Sí, la luna en el tejado. Sí, había música esa noche, pero apagó el sonido de abrir y cerrar la ventana. Llovía. El olor a verde mojado contra el silencio se acercaba. Encendió el decimonoveno cigarrillo y se dijo a sí mismo: ¡ya no más!. Y sopló hacia dentro del rostro lo que no escribía.

Pero puede que todo cambie, que el rumor de sus nalgas y caderas le impregne tierra adentro, que cierre sus fronteras con el palpitar de lenguas encajadas lamiendo sus heridas. Al fin y al cabo somos habitantes destinados a encontrarnos.
Cada tanto, solía abandonar la idea de soledad inacabada. Cuando se acostó a escuchar el viento, vio el cielo raso a modo de dibujos uniformes, lo sintió girar como un lienzo carcomido por el agua. Rió apenas, dejó la foto en sepia bajo la almohada.

Repasó las viejas estancias vacías, las cartas hacinadas sobre la cama y emprendió un camino de barros y arcillas, con la esperanza de naufragar en su estanque de nenúfares,  para dormir compartiendo su hamaca colgada en el horizonte plomizo.

(texto de Suso y Noe Palma, imagen de google retocada)