"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

domingo, 30 de enero de 2011

Seremos

Estabas sentada en el alféizar de la ventana, desde donde el aire impregnado en salitre te besaba los párpados. Tus ojos eran balcones abiertos a la calma serena de campos de trigos y árboles vestidos de hojas.
Eras un terror de eclipse, murmullo de agua fresca en cántaros de mimbre. Un profundo manto de escarcha perlada donde habita la pasión dormida al compás de esperas.

Llegué de puntillas niña, y te abracé por dentro, pintando de óleos el invierno gris hacinado bajo tu falda, dejándote apenas una huella de dedos sobre tu piel blanca, esa que alguna noche de frío anhelé en mi paladar.

Pero el mundo es un navajazo de estaciones que se precipitan y de caminos que se enredan. Las rutinas de nuestros quehaceres nos empujan a sobrevivir bajo cielos paralelos que se rozan sin tocarse. Puede que mañana todo cambie, o puede que no. Aunque el rastro profundo de tu tacto me ha calado en los portales, donde se refugian adolescentes a un encajar de bocas.

¿Y si el deseo se hace humo espeso y se escapa en las chimeneas?. Entonces se vaciarán los estanques y su marea nos arrastrará teñida de cenizas a otros confines. Pero, ¿y si el tentáculo certero de un verano en llamas nos funde en las mismas brasas?. Entonces seremos aves cruzando fronteras... libres, vivas, eternas. 

(texto de Suso, imagen tomada de google y retocada)

jueves, 27 de enero de 2011

Caminos olvidados

Vivía en el cálido abrigo del espejismo del tiempo, en el vértice marinero de las orillas desiertas. Contemplaba acodado en la ventana, la infinita llanura que se extendía ante el océano de sus pupilas. El mundo giraba lejos, estaba a salvo del rumor de los intestinos del hambre y el eco de las inmundicias humanas. No necesitaba nada más.
Quiso saborear la tierra y acariciar sus manos abiertas.

Pero fue una tarde plomiza, con nubes bajas rasgando sus tripas sobre las ramas de los árboles, el día que ella apareció. Y sin querer, agitó el mapa de puntos cardinales, y el sur se hizo norte y el norte se hizo sur. Se vio atrapado en la voz limpia de un rostro lejano. Y soñó espalda, nalgas, curvas de cuello impregnando su lengua de piel en brasas. La arena de los relojes se hizo barro, la luna torció la esquina del viento y perdió el rumbo.

Le mordió el amor traicionero. Y ahí le tienes ahora, desvelado entre las dunas de la cama, con la calma estallando bajo los pies, intentando encontrar la vereda que lleva a su puerta para robarle el aire del abanico de sus pestañas. Amontona las ganas, las ansias de pintar en su mente el color real de sus ojos, de saber como vibra su nombre pronunciado en su boca.

Ni escondido en el rincón más lejano de este jodido planeta, se puede esquivar el sentimiento que impulsa al hombre. Por eso puede que esta noche, llene su maleta de escombros, cierre con llave y busque su estela de huellas en aquellos caminos olvidados.

(texto de Suso, imagen de google retocada)

martes, 25 de enero de 2011

De ti aprendí...

De ti aprendí a ser niño, a patear la pelota de cuero, a leer cómics, a correr bajo los eucaliptos que bordean el río, en aquellos domingos de verano. 
De ti aprendí a ser hombre, a mirar detrás de los ojos, a levantarme los lunes podridos, a navegar la tormenta encabritada.

Esta tarde debería estar envolviéndote un regalo. Nada importante, cualquier detalle que hiciera bailar tu risa debajo de la barba. Mañana es veintiséis y por tercer año consecutivo maldeciré el hueco que dejaste en el sillón, el libro a medio leer, las viejas zapatillas chorreando ausencia.

Padre, la vida sigue bombeando en las venas de esta jodida y radiante ciudad. El frío muerde los huesos en estos días inciertos y la cola del paro retumba en silencio, detrás de la línea azul, de espere su turno. Tampoco nuestro equipo se encuentra en su mejor momento y la buena música escasea en televisión. Corren tiempos difíciles, que dirían los ancianos encallados bajo sus gorras de invierno y anclados en las esquinas del barrio.

Pero seguimos ajustando la brújula, mirando el horizonte dormido detrás de los esqueletos de edificios en construcción. Porque el destello de tu voz me estalla en la cabeza, en esos momentos en que lo necesito. Sigo haciendo lo que me enseñaste: sobrevivir, robándole una sonrisa a la pena traicionera que me encañona las costillas.

Todo sigue su curso. Mañana se inclinará el sol sobre los pastizales de la serena, derritiendo la alfombra escarchada que llora la noche. Leeré la prensa tomando un café, iré a la oficina, le dedicaré una mirada a la catedral camino de casa, besaré los párpados de tu mujer, mi madre, (a pesar del tiempo sigue siendo bella), aunque sea en una visita fugaz, antes de caer en el abismo del refugio de mi hogar y prenderme de alguna vieja película. Será otro día más, como tú hubieses querido... aunque no pueda evitar echarte de menos, en cada palpitar de las agujas del reloj...

(texto e imagen de Suso)

domingo, 16 de enero de 2011

Enjambre de luces y arterias (voy a buscarte)

Saltabas los puntos cardinales en una tarde que agonizaba en el reflejo de tus pupilas. Te vi tan feliz con los pies sobre la arena y la melena rizada cubriendo tu rostro, que deseé embarcarme hacia tu norte, en busca de las agujas de sol que se prendían en tu pelo, loco por decirte al oído: "niña, soy yo, vine a tu encuentro". 
Pero la corriente me empujaba hasta encallar en dunas de sal, advirtiéndome que eres humo, una sombra imposible, que me atormenta en tardes plomizas y cielos de barro como el de hoy. 

Y es que te metes dentro, inyectada en vena, hasta mis huesos, y hago repaso de las canciones que nos gustan, estallando en los altavoces, a trallazos, sin poder conjugarlas contigo. Por eso te sueño, te repito, te dibujo las nalgas con la punta de la lengua, aunque seas un destello a flor de agua, un abanico de polvo, una  luna medio mordida en mi memoria. 
 Tan solo quisiera un puñado de estelas de minutos en la palma de las manos, para sentarme contigo sobre el tejado, con los pies desnudos colgando en el plano vertical del horizonte, a recitar a Neruda, a pasear por las huertas verdes, a despedirme en tu vieja puerta desconchada y oírte susurrar mientras me alejo un: "quédate a dormir conmigo, que mañana es tarde, y ahora es siempre todavía".

Hoy, puede que hoy, rompa todos los mapas, las antenas metálicas que chorrean en los azoteas negras, la ropa tendida, la rutina cotidiana que me escribe en el vaho de las ventanas... y vaya a buscarte, en ese enjambre de luces y arterias que bombea la ciudad, con tu silueta grabada en el lacrimal, a escribir un final para estos renglones inacabados...

(Texto y fotografía de Suso)

viernes, 14 de enero de 2011

Lluvia de alfileres

Saltamos tan alto, que creímos tocar la barriga de las nubes, con la punta de los dedos. Fue un verano fugaz, de esos que estallan en mitad del remolino de un calendario vacío de planes, lejos del asfalto podrido de las grandes ciudades oxidadas. Los pasos nos escupieron al pueblo perdido, entre pastizales cosidos con hilo de oro y siluetas de encinas que salpican los campos como un cielo poblado, hasta donde se pierde la vista.
Fue ese año en que tu nombre se repetía en todos los altavoces con la canción del verano, y los latigazos del sol sofocante, se mezclaban con los trallazos de tormentas veraniegas.

Así nos conocimos. Tú, bailabas bajo una lluvia de alfileres que calaba los huesos, con el balcón abierto a tus pupilas, prendido de las pestañas. Yo, perdía el tiempo lanzando piedras a los relojes de arena, en un atardecer inclinado y tarareando a Sabina.
Así nos besamos, con furia, y consumimos los días en el batir de alas de manos mudas, palpitantes, que se arañan bajo la ropa y el encajar de lenguas que se enlazan imantadas.

Y así, también, nos olvidamos. Como debía ser. Nada más volver a la rutina de nuestras vidas astilladas en edificios muertos, entre semáforos ardiendo y horarios colgados de los intestinos, esquivando luces de faros y escaparates vomitando precios rojos. Así, sin más, nos arrastramos de nuevo a las bocas de metro y las tripas de la urbe, enterrando las promesas, en carne viva, que se convirtieron en jirones de polvo y humo.

Porque los amores de verano deben morir, para vivir eternamente.

(texto de Suso, imgen de google retocada por Suso)

domingo, 2 de enero de 2011

Lo que nunca te digo

Nacimos bajo la palma de puntos cardinales diferentes, en años distintos. Yo arañando soles, tú pintando lunas. Yo hacía el camino a la inversa, bajo los planos inclinados de la tarde, tú rasgabas acordes y cantabas a la revolución. Supongo que era fácil encontrarse, a pesar de los millones de caminos que podíamos elegir o los trenes que tomar, fuimos a parar al mismo andén, como dos imanes que no se ven, pero se dejan arrastrar para chocar el uno con el otro. Así nos abrimos a la conversación, como los girasoles en la mañana. Así nos comemos a dentelladas, en nuestro batir de verbos, de textos cruzados, de manos que no se tocan pero se empujan a los abismos de nalgas y espaldas en las que fondear.

Lo que nunca te digo, es que cabalgo desbocado muchas noches espesas, por la vereda que sube a tu puerta, a trazarte las curvas con la lengua, aunque tú, no lo sepas.
Lo que nunca te digo, es que no me reconozco en el espejo, que me engullen los años, y tú estás tan jodidamente bella, que las dudas astillan mis piernas y me freno en morderte los labios.
Lo que nunca te digo, muchas veces, creo que lo sabes, y simplemente paseo en las cañadas silentes, veo crecer las huertas, me siento bajo la higuera a mirar la tarde. A imaginar que estamos sentados en la fina arena de tu playa con los pies enterrados en tu kilómetro 0, ante la hoguera, que lanza trallazos de pavesas que se evaporan en el horizonte dormido. Y así nos miramos, sin decirnos nada. No hace falta. Por eso nunca te lo digo.

(Texto de Suso, imagen tomada de google)