"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Al final del minutero














Puedes posar tus manos ancianas
sobre las palmas de las mías,
porque aunque ya no soy un niño
aún puedo inyectarte una chispa de vida.
Ya quisiera yo, regalarte unos años más,
pero tu tiempo termina y te apagas
como la llama calmada de una vela olvidada
en mitad de la jodida noche curvada sobre el hemisferio.
No estés triste, viviste con la sonrisa
habitando entre tus finos labios,
conociste el horror de la guerra
y el eco del llanto y el hambre retumbando en los intestinos.
Pero también el cambio, o los locos 60,
los edificios creciendo sobre lo que antes eran huertos
de campesinos quemados por el aire sureño,
el extraño televisor en blanco y negro,
la huella en la fina arena de la luna,
las verbenas, los viajes en 124, la música rebelde,
los niños que viste crecer hasta convertirse en hombres.
No tengas miedo, el dolor pasará,
vete en calma, como la que siempre fuiste,
dejando la mesa recogida, los platos limpios,
la cuerda tendida de ropa blanca llorando lágrimas de luz.
El mundo sigue girando, ajeno a tu marcha,
envuelto en un cielo plomizo de jirones y batir de alas.
La gente va al mercado, al médico, al parque,
mientras tú, respiras la última ráfaga de aire.
Dejas un hueco vacío, pero una vida plena,
a tu manera, sin lamentos y sin grandes lujos,
humilde, sencilla, me llevo
una bolsa repleta de recuerdos, con olor a galletas
caseras y a viejo patio de pueblo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Vuelvo

No se el motivo que me empuja a volver. Tu ya no estás. El pueblo parece el mismo, agoniza derramado sobre la ladera de la montaña. Sus viejas calles de piedra desconchadas, ventanas cerradas, puertas podridas, apenas una bocanada del que aspira el último aliento moribundo.

Sin embargo, vuelvo. Lo hago porque al final siempre nos reencontramos, apenas un instante,
en aquel banco del parque sin iluminar bajo el abrazo de la noche espesa, brotan otra vez tus caricias entre las costuras de mi ropa. Si escucho atentamente, aún suena la orquesta a lo lejos, mientras el pueblo baila paso-dobles en las fiestas de agosto, y nosotros perdidos de la multitud tejiendo una red de piel a mordiscos. Y si miro fijamente sobre el pequeño estanque, parece que veo el reflejo de aquel adolescente de pelo revuelto, con la mirada estallando de vida, soñando embarcar a paraísos perdidos. 

Por eso vuelvo, porque siempre te encuentro, aunque no sea en los sitios acordados, aunque la vida nos apuñale con el peso de sus estaciones, aunque todo cambie, pero por un instante, me encuentro... (cuando andaba tan perdido...)

(texto por Suso, imagen de google retocada por Suso)

viernes, 24 de septiembre de 2010

A ninguna parte

Sueño a menudo con pisar tierra firme y encontrar el paraíso donde desembarcar definitivamente.
Envidio a la gente que es de algún sitio, seguramente porque yo no soy de ninguna parte. Soy un viajero eterno de cielos y mares y he visto el mundo desde mis ojos desgastados en todos sus colores. He contemplado los atardeceres rojos y los tentáculos del sol hundiéndose frente a la fina linea del horizonte, las noches negras agujereadas de palpitantes luceros, las mañanas blancas talladas de hielos flotantes que cubren el agua hasta donde se pierde la vista. No tengo meta, ni puerto donde amarrar,
solo quiero oler la tierra mojada, escuchar el silbido del viento crujir entre la madera, limpiarme el alma oxidada bajo la lluvia. 
Desde esta cubierta ajada me mantengo en pie, hasta que el peso de mi huesos aguante tanta vida, porque así la quiero gastar, a bocanadas, bebiendo cada sorbo de su fugacidad. No necesito mas que un paisaje que se extienda ante mi.
Si me dicen que es la libertad, ya les respondí, si me dicen que es vivir...

(texto por Suso imagen de google retocada por Suso)